
Los ojos ven, pero somos nosotros los que no alcanzamos a entender.
La luz siempre ha estado ahí, es una absoluta mentira que todo esté lleno de nada, o de tinieblas, lo que sucede es que no entendemos lo que hay detrás de las cosas.
La substancia es como su origen griego: lo que está debajo.
La realidad brilla necesariamente, y lo hace porque existe. Toda la existencia es una danza experimental que nos permite ser el universo mismo y entender para él, que es todo y que desde su infinitud no se conoce por ser absoluto.
La belleza se despliega desde lo lógico, desde un lenguaje indecible, pero lleno de vida, porque está lleno de razón y pensamiento. Aquello que está vivo es bello, y la naturaleza hierve en multiplicidad y forma, brindándonos a nosotros, simples seres homínidos, tan acostumbrados a este cuerpo, poder desprendernos, ya sea de niños, o de muertos, pero desprendernos de esta familiaridad cotidiana que ahora me parece tan extraña como tener cinco dedos en unos artejos llamados brazos y manos. Yo no soy esto, sin embargo ahora soy parte de ello.
Bien pude tener 9 piernas que de haberme acostumbrado pensaría que esta es la realidad y la normalidad. Y es que la belleza va más allá y ve más allá que esta patológica normalidad que me asfixia y rodea.
La verdadera esclavitud está en esta sociedad, en mi circustancia que no me permite ser y deplegarme como el infinito me empuja. Nací como hombre y como hombre moriré, pero ¿Antes que era? ¿Dónde estaba antes de nacer?
En ningún lado y en todas partes, esta dicha de tener conciencia que es la belleza del orden puesta en lo real por todo lo que aún está por determinarse me abruma, es casi imposible que cualquiera de nosotros exista, y peor que desperdiciemos la existencia sin realizar al universo, pasar inadvertidos antes tanta luz, como si vivieramos encerrados en un cuarto oscuro dandonos de topes unos con otros, sin llegar a ponernos de acuerdo, mientras afuera de esa habitación todo brilla y esa luz se nos va, en vez de nosotros irnos con ella.
Yo sueño con una sociedad en donde el único compromiso es el de desplegar el ser desde nuestra naturaleza hasta lo más profundo del entendimiento y la razón humanas. Hacernos humanos por medio de la belleza que nos rodea, aprender a verla, ir sin miedo en su busca, como naves que pueden naufragar, pero valientes y tenaces en su objetivo. Me niego a ser como la animalada que no se eleva más allá que su propia materialidad. Esta conciencia tiene el potencial para ver, para ver lo real detrás del mundo, atrás de las cosas, pero todo el sistema se empeña en mostrarnos la vanidad y no la espiritualidad que existe más allá que nuestros ojos. La conciencia lo capta, pero se olvida muy pronto de lo que ve, o quizá es necesario abrirla para que observe en zonas nunca antes vistas. El viaje más fundamental es hacia adentro, eso es más infinito que el mismo universo, quizá lo que vemos sean las ideas y conceptos de una mente distinta, no digo Dios, eso sería absurdo, pero reconozco que hay una belleza que lo domina todo con lógica, y me gustaría acercarme, ese debe ser el camino, la búsqueda constante de la belleza, porque ello implica que se cumplen con muchas otras condiciones, como las de gozar del conocimiento y una vez alcanzada la suprema belleza ser finalmente sabio.